No se puede chiflar y comer pinole

Chicago-Marathon-1

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Cuando me hundí en la viciosa adicción al running (no cuando empece a correr, sino cuando verdaderamente esta disciplina me atrapó y me volví mega intensa) era muy común oírme decir: “no puedo, mañana entreno” o “me lo felicitas, no podré ir a su cumpleaños, tengo distancia larga mañana” o inclusive “yo no alcanzo a llegar, tengo Ocotal mañana y regreso tarde, en lo que me baño y así… seguro ya acabaron”.

En esa época formaba en mi clóset los tenis por colores, los de trail, los de distancia, los de pista, los de entreno y los de las carreras. Decidirme ir a Nueva York fue un trabajo de un año mínimo, donde mi vida social se acabó, mi alimentación giraba en torno a proteínas y carbohidratos “buenos”. Mis cajones, llenos de mallas de compresión, calcetines especiales para ampollas y zapatos flats, muchos flats, para evitar esguinces en tacones. Fue una decisión de vida que tomé muy consiente y no me arrepiento.

Después de correr Nueva York, decidí que mi próximo maratón sería Chicago. Iba a entrenar más, iba a dedicarme aún mas, iba a mejorar mi tiempo, “iba”…. 3era persona del pretérito imperfecto del indicativo verbo intransitivo del “ya no fue”.

Como todo en esta vida, nuestros planes son nada, comparado a lo que el destino nos tiene verdaderamente planeado, yo no sabia que regresando de ese Maratón me esperaba una de las mejores épocas de mi vida, una que había estado esperando durante años, conocí al que hoy es mi complemento de vida, me enamore, cambie de trabajo, revolví mi, -en ese entonces-, rutinario mundo runner y ese orden  se acabó. Cambie noches de viernes en el gym vacío, por noches de películas, sábados de entrenamiento en pista, por despertar tarde e ir a desayunar carbohidratos y no precisamente de los buenos. Noches de sábado de guardarme en casa por fiesta y buena onda. No es que no la hubiera tenido, pero ya la extrañaba, vivi en carne propia: todo exceso es malo. Mi cuerpo me pedía fiesta y se lo empecé a dar. Sumado a eso, una serie de contratiempos de salud en mi familia me empezaron también a desestabilizar y mi humor y ganas de entrenar eran nulos.

Empece a pregonar aquí en mi blog y en la vida, que había encontrado un balance, que claro que se podía hacer todo: tener vida amorosa, vida social, vida godin y además correr. La vida fue tan buena conmigo que además de todo para terminar de acoplarme, me dio una pareja que también le gusta correr, no de forma tan “intensa” pero le da a los kilómetros perfectamente y hasta mejor que yo.

Esos meses de “descanso” me sirvieron mucho, los disfrute a tope, comí delicioso, bebí whisky y tequila, bailé de boda en boda y me enamoré sin freno, como foca en tobogán. Cuando era el momento de iniciar el entrenamiento de Chicago, cada semana sucedía algo que me hacia decirme a mi misma: “mejor empiezo la próxima semana” y cuando empecé, no fue como el plan de entrenamiento marcaba de forma rigurosa. Cumplí con el 50% de los kilómetros semanales necesarios, a veces por trabajo, muuucho trabajo, a veces por flojera, a veces por falta de compromiso y a veces porque había otros planes que me motivaban mas.

Hoy estoy a un mes y un par de días del Maratón de Chicago y no me siento para nada preparada, pero no me siento enojada ni triste, porque tengo claro perfectamente que la decisión la tomé yo, que cada acción realizada desde el 2 de Noviembre del 2014 (fecha del Maratón de NY) al día de hoy fue realizada con todo el conocimiento de la causa. Tal vez hubo épocas donde pensé que si se podría, que combinar la pachanga con el entrenamiento era una buena idea, pero no señores, no se puede chiflar y comer pinole al mismo tiempo.

Voy a correr mi segundo maratón en mucho peores condiciones que el primero, pero lo voy a terminar, porque si ya lo hice una vez lo puedo hacer dos y tres. Porque tengo huevos, porque se me da la gana. ¿En cuanto tiempo? ¡Quien sabe! Seguro mucho mas del aceptable. But, who cares? No voy a romper ningún RP, voy a hacer lo que tanto me gusta, en una ciudad increíble, a festejar mi cumpleaños con mi novio y con grandes amigos y usar el día anterior al maratón para comer pizza, voy a tomarme una foto en el Skydeck, al Museo de Ciencia y al Plantario, ¡ah! y a correr 42,195k.

Siempre he creído que el papel de víctima no me va, no pienso lloriquear por algo que nadie me obligó  y mi humilde recomendación en este post para todos ustedes, mis queridos lectores corredores y no corredores, es que seamos dueños de nuestras decisiones y sus consecuencias, si decidimos no estudiar para el examen y reprobamos, dejemos de echarle la culpa a los agentes externos, vivamos con orgullo las causas y no las consecuencias, adueñémonos de nuestro presente porque nada ni nadie nos pone donde estamos mas que nosotros mismos.

Ahí les cuento como resultó todo en Chicago

Los quiero.

 

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