Querer…. ¿es poder? No siempre.

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En los últimos tiempos nos han enseñado a conquistar nuestra voluntad. “Si lo sueñas, lo puedes lograr” nos dejó como frase memorable Walt Disney. Entre corredores existe mucho de este espíritu, la fuerza mental convergiendo con la fuerza física para lograr objetivos y metas. Pero, ¿qué pasa cuando no se puede?

Los que me conocen o que me leen por aquí, saben que hace un par de años empece a correr. Por primera vez en mi vida encontré una disciplina deportiva que me gustaba y que no hacia “por obligación” sino por gusto. Encontré a una Ely dispuesta a levantarse temprano y entrenar todos los días para mejorar sus carreras y ¡oh sorpresa! efectivamente fui mejorando. Pase de correr los 5k y acabar destruida, a de repente poder hacer los 10k sin problema alguno. De ahí me fui sumergiendo en la adicción de los kilómetros; llegaron los 21k y por fin en Noviembre del año pasado, los anhelados 42k.

Como todo en esta vida, hay días buenos y días malos, días con flojera y días donde sencillamente te sientes imparable, pero simplemente sigues entrenando. Aumentando tu capacidad aeróbica y tu fuerza muscular. Entonces vas generando una mejor resistencia y vas adquiriendo mayor velocidad con menor esfuerzo. Así es la teoría. Pero en la práctica no siempre es así. No siempre todo es pa’lante.

El pasado fin de semana vivi uno de esos días negros, donde las cosas simplemente no fluían. Participé en una carrera de 12k que impresionantemente me llevó al punto de inicio, el deja vu de la primera vez que intente correr. Mis piernas no avanzaban al ritmo que quería correr y sobre todo, mis pulmones no recibían el aire que mi nariz inhalaba. Una verdadera tragedia.

El circuito constaba de 12k que se componían por dos vueltas al circuito de los que corrieron 6k. Para el momento que estaba llegando a la primera vuelta (los 1eros 6k) estuve tentada fuertemente a abandonar la misión. Pasar por el carril de los que iban hacia la meta y desistir. Me urgía un disparo de mi respirador contra espasmo bronquial que claramente estaba sufriendo. El dispositivo en cuestión se encontraba en mi bolso, guardado en el coche, a unos metros de la meta.

¿Parar o seguir? ese era el dilema. Francamente me sentía terrible, pero no se qué era peor, el sentimiento de frustración de no poder correr o la tormenta de correr sin aire.

Por mi mente pasaban mil pensamientos; ¿perdí condición? ¿por qué me pasa esto? ¿qué le pasa a mi corazón? ¿por qué late tan rápido? ahí no habia fuerza mental, ni voluntad de hierro, ni Ely maratonista, ahí solo había miedo, frustración y unas rarísimas ganas de llorar que contenía para no agregarle una dosis mas de aceleración a mi pulso.

La banda de mi monitor de FC esta descompuesta (por decirlo de alguna manera en realidad no se qué le pasa) así que ni si quiera me la llevé, no puedo decir claramente a cuanto se estaba elevando mi FC pero seguramente estaba ya en las 175 ppm. Me daba miedo cometer una imprudencia con mi salud así que me frenaba; caminaba algunos metros en lo que me recuperaba y volvía a correr, para que entonces mi corazón volviera otra vez a acelerase y mis pulmones me exigieran más y más oxigeno que nunca llegaba.

Total que decidí hacer los 12k. Ya estaba ahí y a eso había ido, además, es parte del entrenamiento de un medio maratón que corro en 2 semanas. No podía no hacerlo. Seguramente llegaría entre los últimos lugares pero jamas en la vida me he salido de una carrera, esta vez no seria la excepción. Me acorde de las recientes imágenes del maratón de Austin donde Hyvon Ngetich, una corredora keniata se desplomó metros antes de cruzar la meta y llegó gateando.

La 2da vuelta bajé el ritmo unos 45 segundos por kilómetro para mantener mi alocado corazón a buen ritmo, respiraba como podía, me concentré en mi música y disfrute, como pocas veces, el alivio de ver a lo lejos la meta donde el reloj marcaba 1:25 y sabía que al fin, podía parar.

Corro por gusto, por diversión, por salud, por motivación propia. No me gustan este tipo de carreras donde en vez de disfrutarlo termino sufriéndolo, pero creo que es parte del encanto. Parte de esa analogía que siempre hago de comparar la vida con las carreras; no siempre todo será color de rosa, ni todo será perfecto. Hay días buenos, días malos. Hay días que aunque quieres, no puedes, pero no pasa nada. Life goes on.

El medio maratón del 15 de marzo lo correré a ritmo conservador y me prepararé con unos disparos de mi medicamento contra espasmos bronquiales minutos antes del disparo de salida.

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